Curiosidades que remiten a Groys …

Agrego dos curiosidades que me remitieron al texto de Groys y a “lo viejo nuevo” que se señalaba en el blog de la cátedra.

Commodore 64 meets Playstation 2¿Quien dice que lo antiguo ya no sirve? ¿Creíste que jamás podrías volver a usar tu vieja Commodore 64? Pues te equivocaste.
Un verdadero genio de la electrónica, del que desconozco su nombre, ha creado una versión de Guitar Hero para su vieja consola. ¿Cómo lo hizo? Sencillo (o bueno…no tanto), creó un dispositivo que le permite conectar la guitarra de Playstation 2 y además programó el videojuego en un formato compatible, tan pequeño, que cabe en un diskette de 5 y cuarto (500 kb)

Vintage 2.0 En Europa está en pleno auge la moda vintage, es decir, la compra de prendas usadas de marcas prestigiosas y de modelos antiguos y exclusivos de diseñadores famosos. (…) A los que no les vuelve locos tener que desplazarse para comprar ropa de segunda mano, se les ofrece ahora la posibilidad de comprar desde su casa en tiendas virtuales como glam.pl.
En ambos casos me llamó la atención que hay un doble movimiento, en que algo “viejo” o tradicional (un videojuego ya obsoleto ante las innovaciones tecnológicas en el área o, por otro lado, la venta de ropa de otras décadas -tipo feria americana- a través de un sitio web) es reutilizado y resignificado como novedad, caracteristica que en ambos casos refuerza ( y se refuerza por ) su calidad de “retro/ viejo/ vintage”.

En ese aspecto, me refirió a lo que Groys trata sobre la imposibilidad de escapar a lo nuevo (aquello de que aunque elijamos algo antiguo, tambien hacer eso es algo nuevo): “(…) sucede que hacer primar lo antiguo sobre lo nuevo significa, a su vez, hacer un gesto cultural: quebrar las reglas culturales que exigen la continua producción de lo nuevo, para producir con ello, lo nuevo radical. Y además, habría que explicar qué es, en sentido propio, lo antiguo. Porque lo antiguo hay que inventarlo de nuevo en cada época (…) No hay ningún camino que nos saque de lo nuevo, porque si lo hubiera, sería un camino nuevo. No hay posibilidad alguna de romper las reglas de lo nuevo, porque esa ruptura es precisamente lo que esas reglas exigen. Y en ese sentido, la exigencia de innovación es, si se quiere, la única realidad que la cultura expresa (…)”.

Me parecieron interesantes también para pensar si estaríamos más cerca de considerar este tipo de proyectos como algo nuevo o como variaciones de formas de hacer copy-paste con videojuegos o una versión remozada de las ferias americanas, y qué le daría o no ese valor de innovación.

Julieta Colacito

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Reseña de la clase del martes 1/4

Por Analía Fukelman

El encuentro del martes tuvo lugar en la Sala de Informática de la UBA (¡novedad!)
En primer lugar nos dedicamos a navegar el blog de la comisión, cada uno publicó una entrada relacionada con el texto de Groys. Para esta actividad recibimos breves instrucciones sobre cómo publicar en WordPress, que pueden también consultarse en esta página o en la página de WordPress de Preguntas Frecuentemente Preguntadas (FAQ’s)
En la segunda parte discutimos el texto de Boris Groys “Sobre lo nuevo”
De allí surgieron nociones de
# Lo nuevo como innovación, transmutación de valor, cambio, dentro de una red de conceptos relacionados con la cultura
# Lo nuevo como real, lo que aparece bajo un “efecto de verdad”, en una red conceptual relacionada con la economía
# El pensar en la cultura como un sistema de intercambio de valores, como un proceso económico propio de la sociedad, buscar la lógica económica del proceso cultural
# La posibilidad de pensar en la adaptación positiva o negativa de un producto cultural a la tradición (modelos previos y consensuados)
Y frente a los objetivos de esta materia, la posibilidad de desnaturalizar la tecnología (lo nuevo, lo innovador), de utilizarla y estudiarla desde una mirada crítica. Ni apocalípticos, ni integrados

Datos sobre Groys

Profesor de Filosofía y Teoría de los medios de comunicación en la Academia de Diseño (Hochschule fuer Gestaltung) en Karlsruhe, Alemania.

Boris Groys nació en el Berlín del Este (RDA) en 1947, y estudió Filosofía y Matemáticas en la Universidad de Leningrado desde 1965 hasta 1971. Posteriormente, desde 1971 hasta 1976, trabajó como adjunto de investigación en varios institutos de Leningrado y desde 1976 hasta 1981 trabajó en el Instituto de Lingüística Estructural y Aplicada en la Universidad de Moscú. En 1981 Groys emigró de la antigua URSS y se fue a Alemania. Entre 1982 y 1985 obtuvo varias becas en Alemania y trabajó como autor autónomo en Colonia desde 1986 hasta 1987. Groys enseñó como profesor invitado en los Estados Unidos en la Universidad de Pensilvania, Filadelfia, en 1988 y en la Universidad de Southern California, Los Angeles, en 1991. En 1992 obtuvo el doctorado en Filosofía en la Universidad de Münster, en Alemania. Desde 1994 Groys es profesor de Filosofía y Teoría de los medios de comunicación en la Academia de Diseño en Karlsruhe, Alemania. Y desde el 1 de enero de 2001 también es el rector de la Academia de Bellas Artes de Viena, que goza desde esa fecha del estatus de universidad. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

Groys- autor alemán- profesor de filosofía y teoría de los medios de comunicación- postcomunist. Lo nuevo para él es incorporar el arte a la vida.Los artístas y teóricos desean mostrarse vivos y reales en oposicion a las construcciones abstractas y muertas representadas x el sistema de museos y por el mercado del arte. Los artístas y teóricos creen haberse librado de la carga de la historia, siendo que, de hecho no hay nada más tradicional, en cierto sentido, que orientarse hacia lo nuevo.

Tomado de http://www.uoc.edu/artnodes/esp/art/groys1002/groys1002.html
Publicado por Debora Deppeler

Dylan: ejemplo de lo nuevo dentro y fuera de una tradición cultural (especialmente fuera)

El documental “No Direction Home” de Martin Scorsesse refleja el momento bisagra en la vida cultural de Bob Dylan.

Me remitió al texto de Groys, ya que al comienzo el artista muestra una “novedad”, o transgresion dentro de la musica Folk estadounidense, sin salir demasiado de esa tradicion cultural conviertiendose en el referente de la misma ademas de otros ambitos culturales. Luego pasar a ser una novedad por fuera de ella.

Dylan pasa de ser una novedad dentro de su tradicion, su esfera a un elemento transgresor por fuera de casi cualquiera de ellas.

es interesante tambien en esta pelicula como rompe incluso con el discurso de su epoca y el contraste entre sus cambios, su contexto y quienes eran receptores de su mensaje.

Link a una mirada de la pelicula

Publicado por Luciano Safdie

Sobre lo nuevo

Por Lucila Pesaro

lo viejo - nuevoBoris Groys es profesor de filosofia y teoria de los medios de comunicaciòn en la academia de diseño de Karlsruhe. En “Sobre lo nuevo”, Groys sostiene que la producción de lo nuevo es inevitable; “No hay ningún camino que nos saque de lo nuevo, porque si lo hubiera, sería un camino nuevo”.

A su vez explica que es la lógica cultural económica de la transmutación de los valores culturales la que obliga a producir lo nuevo y la misma no depende de ni tiene que ver con el paso del tiempo. Para Groys la innovación no consiste en crear algo nuevo, sino en la transmutación de lo ya conocido. En tanto transmutación de valores, la innovación es un proceso económico y su efecto de realidad surge de su modo de relacionarse con la realidad.

La innovación consistiría en un acto de adaptación negativa a la tradición.

La universidad ante lo nuevo

FIDELIDAD E INNOVACIÓN

En contra de lo que una superficial dialéctica podría llevar a suponer, innovación y fidelidad no son actitudes contrapuestas, como el propio Josemaría Escrivá subraya en una de las entrevistas contenidas en el volumen de sus ‘Conversaciones’. La libertad humana no es utópica sino tópica, nunca se presenta como temporalmente exenta sino como históricamente encarnada. Por eso no cabe desplegarla plenamente por la simple aplicación de un esquema abstracto y estererotipado, sino que la fidelidad a la misión recibida requiere imaginación, espontaneidad, iniciativa, agilidad de decisión, juventud interior. No hay prontuarios ni recetas para enfrentarse a coyunturas que, por definición, siempre son inéditas.

Si esto es válido para cualquier territorio vital, resulta de especial vigencia en el ámbito universitario. Porque la Universidad guarda una relación esencial con ese tipo de realidades que una y otra vez recaban el calificativo de nuevas. La historia intelectual de Occidente nos enseña que, cuando las universidades se han olvidado de que la innovación es su más característica seña de identidad, han caído en un academicismo rancio, en una prepotencia orgullosa y hueca que las ha vaciado de contenido y ha oscurecido su misión, hasta el punto de que han llegado a ser socialmente irrelevantes. En cambio, cuando han sabido estar “en el mismo origen de rectos cambios que se dan en la vida de la sociedad” -según la expresión del propio Josemaría Escrivá-, se han situado en la vanguardia de la historia, han estado en la rompiente del conocimiento nuevo, y se han ganado el reconocimiento del liderazgo que les corresponde en el terreno de la auctoritas, del saber públicamente reconocido, como dice el maestro Álvaro d’Ors.

El amor por la tradición no es en modo alguno incompatible con el afán de progreso. Porque una tradición que no se renovara mostraría a las claras que está muerta, y sería entonces una carga mostrenca que hubiera que arrastrar sin saber por qué. De otra parte, el progreso es imposible si no surge de una historia pujante que florece en brotes nuevos como muestra de una vitalidad incontenible. Según señaló Hannah Arendt en su obra ‘La vida del espíritu’, si la idea de progreso pretende implicar algo más que un cambio de las relaciones y un mejoramiento de la realidad, contradice el concepto kantiano de dignidad de la persona humana (porque intentaría conducirnos más allá de lo humano, es decir, hacia lo inhumano). La paradoja de lo nuevo, que para serlo realmente no puede ser del todo nuevo, podría quedar expresada por la concatenación de tres sentencias de pensadores románticos alemanes. Schiller advertía: “Vive tu siglo, pero no dejes que te convierta en su criatura”. Mientras que Goethe apuntaba: “El siglo está avanzado, mas cada uno debe empezar de nuevo”. Y, finalmente, Schleiermacher escribió: “Comenzar por el medio es inevitable” (Anfangen in der Mitte, ist unvermeidlich).

Las vicisitudes de la cultura contemporánea nos han llevado a redescubrir el papel central del concepto de tradición. Baste recordar al recientemente fallecido Hans Georg Gadamer. Bien entendido que la relevancia de la tradición sólo es viable si logramos liberarla de su cárcel tradicionalista. Como han advertido entre otros Robert Spaemann y Alasdair MacIntyre, el tradicionalismo conservador no es sino una imagen especular del progresismo liberal. Ambas líneas de pensamiento son deudoras de un malentendido acerca de la índole de la historia humana. En cambio, la genuina idea de tradición está arraigada en la compleja y plural realidad de los caminos que llevan a los hombres a perfeccionarse a sí mismos, al tiempo que perfeccionan las obras de su mente y de sus manos.

La tradición es el lugar natural de la palabra cargada de sentido, esa difícil palabra verdadera que la Universidad busca con denuedo y cultiva amorosamente. Fuera de un ambiente fértil, en la intemperie cosmopolita y atemporal de la neutralidad racionalista, la palabra se desangra, palidece y acaba por perder su vida propia. Ya no es vehículo del pensamiento e instrumento de comunicación, ya no es signo vivo de “presencias reales”; se reduce a su funcionalidad informativa, pierde su dimensión subjetiva y su significado histórico.

Hace más de un siglo, Nietzsche afirmó lúcidamente en ‘El ocaso de los ídolos’: “Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática”. Hoy, cuando navegamos en aguas más someras, casi nadie recuerda ya esta interna vinculación entre el cultivo sabio del lenguaje -es decir, las humanidades- y la capacidad de la persona humana para escuchar la Palabra que revela y que salva. La manipulación del lenguaje corre pareja con el rechazo de aceptar un mensaje revelador en el que se contiene el paradigma de toda narración. Cuando, en realidad, sólo desde él se hace posible la superación del relativismo cultural y la reposición de una idea universalista de matriz no dialéctica ni ilustrada, sino metafísica y teológica.

La lealtad a la identidad propia no debe confundirse con un conservadurismo a ultranza, incapaz de distinguir la savia fluida de la corteza reseca. Apegarse al detalle accidental, simplemente porque antes se hizo así, muestra que la fidelidad a la misión institucional comienza a vaciarse y va siendo sustituida por la estolidez.

No es casual que John Henry Newman, el pensador contemporáneo que mejor ha entendido la esencia de la Universidad, sea también el teólogo de la historia que comprendió con una sagacidad extraordinaria la diferencia entre la falsa y la verdadera tradición. Tal diferencia viene dada porque la tradición auténtica es capaz de evolucionar de manera homogénea y renovarse para dar cabida a su propio desarrollo interno y a las cambiantes vicisitudes del entorno cultural y social; mientras que la falsa tradición es la que detiene su devenir en una especie de corte temporal, mitificando un presente cualquiera, llamado -como todos los demás- a ser absorbido por el pasado.

Según vislumbró T. S. Eliot, donde el tiempo pasado y el tiempo presente se dan cita es en el tiempo futuro. Primacía antropológica del futuro que viene avalada por la metafísica finalista aristotélica y por la contemporánea comprensión de la persona en términos de proyecto. No es el hombre -ni ninguna de sus creaciones culturales- cosa acabada o suceso cumplido. El hombre es el protagonista de la innovación. Y la principal capacidad de inauguración humana no se refiere a productos externos a él. La creatividad de la persona se refiere a la persona misma, a su proyecto de ser, que es para Heidegger más propiamente humano que el ser que ya se es. El hombre utiliza su potencialidad de innovación para recrear su propio ser. El acto creativo se refiere primordialmente al propio y personal proyecto de ser.

Si la lógica antigua gustaba poner como ejemplo a “Sócrates sentado”, la sabiduría cristiana ha solido comparar la humana condición con el ‘status viatoris’, con la situación de quien está volcado hacia la meta que tiene por delante, sin preocuparse en exceso por el camino que lleva recorrido. El tramo importante de la trayectoria vital es el que falta por recorrer.

La innovación exige, sobre todo, anticiparse. Lo que se requiere para tal anticipación no es sólo conjeturar el preciso momento de emprenderla sino el arrojo de llevarla a cabo. Arrojo que tiene como contrapeso, no ya la cobardía, sino la humildad, porque el anticiparse exige muchas veces contener el ansia de prevalecer sobre otros, moderar la precipitación y situarse en una posición de aparente inferioridad. El que quiere encontrarse siempre a la cabeza de la carrera no suele ser el que llega a estarlo cuando de verdad interesa: en la meta. No debería extrañar que la creatividad tenga como requisito la humildad, ya que el propio Cervantes dijo de ella algo que gustaba recordar al Fundador de la Universidad de Navarra: que la humildad es la base y fundamento de todas la virtudes y sin ella no hay ninguna que lo sea.

Para la Universidad, el nombre actual de la fidelidad a su propio proyecto es innovación. Esta exigencia puede resultar incómoda para la “razón perezosa”, dispuesta a repetirse ‘ad nauseam’ con tal de no realizar el esfuerzo de pensar algo nuevo. Pero es la única forma efectiva de que la institución académica llegue -cada vez más- a ser ella misma.

Tomado de la Universidad de Navarra
Publicado por Francisco Capalbo

Lo nuevo nuevo, acá a la vuelta

Dentro del material seleccionado por la cátedra para ilustrar el texto de Groys, se accede a un artículo en educ.ar, citado como “Lo nuevo, nuevo”.
Sensaciones y sentimientos. La nueva era que se avecina.
Las novedades llegan con el uso de la estimulación neuronal directa del cerebro y el tacto. Cómo se implementan estos dos estímulos con la ciencia de las computadoras?. Las ondas cerebrales, los sensores, las sensaciones y los sentimientos nos “conectarán” con las nuevas tecnologías y el futuro.

Hablando entonces de nuevas tecnologías que leen al usuario más de cerca, este desarrollo en una escuela secundaria podría definirse como “innovación”, no sé si bajo la categoría de Groys, pero seguro como una aplicación nueva que modifica definitivamente la relación entre la informática y las diversas poblaciones de usuarios
Emulador de mouse para discapacitados

Publicado por Ana Fukelman